¿Sientes que nadie te valora o te respeta? ¿Llevas el perfeccionismo al extremo para obtener aprobación? ¿El rencor nunca te deja? Todo esto puede estar relacionado con la herida de la injusticia; esta es una herida emocional que afecta en gran medida tu relación contigo mismo y con los demás.
Entre otros efectos, este trauma que comienza en la infancia genera sentimientos de inferioridad, inutilidad y la sensación de que nunca recibirás lo que mereces, sin importar cuánto te esfuerces. Te invitamos a descubrir qué causa esta herida emocional y cómo sanarla.
¿Qué es la herida de la injusticia?
La herida de la injusticia funciona como una metáfora para describir el profundo dolor emocional que un niño desarrolla cuando experimenta un trato desigual, se le pide hacer más de lo que puede dar, siente que su valor no es apreciado y su relación con sus padres es distante, fría y superficial. No es un diagnóstico clínico ni una estructura validada por la ciencia.
Esta teoría proviene de la obra de la autora de autoayuda Lise Bourbeau. Bourbeau señala que los niños a menudo activan esta herida a partir de los 4 años, generalmente en relación con sus padres del mismo sexo; sin embargo, no hay evidencia empírica que lo respalde. Aun así, Bourbeau indica que desde ese momento, los niños comienzan a disociar sus emociones para protegerse de lo que les rodea. Incluso, pueden usar una máscara dura para mostrar que todo está bien y no expresar lo que realmente sienten.
La herida se forma a partir de comparaciones constantes con hermanos o amigos, rigidez, favoritismo entre los niños, la falta de reconocimiento de sus propios logros, priorizar siempre a los miembros de la familia o las expectativas que el niño tiene dificultades para cumplir.
¿Cómo se comporta una persona con este trauma?
Existen ciertos signos o indicadores que muestran el comportamiento de los adultos que han experimentado injusticia en su infancia. Estos comportamientos pueden afectar tanto el bienestar de la persona como sus relaciones con los demás. Aquí se trata de excesiva necesidad de control, problemas para aceptar las opiniones de los demás, frialdad y otras actitudes similares:
- Rencor.
- Perfeccionismo.
- Baja autoestima.
- Autocrítica excesiva.
- Desafío a la autoridad.
- Negación de sus problemas.
- Desconfianza hacia los demás.
- Falta de aprecio por sí mismo y no ser valorado por lo que hace.
Estas características por sí solas no determinan que se haya vivido injusticia en la infancia, que se haya adoptado un estilo de crianza rígido o que sean indicadores específicos de tal trauma. Sin embargo, cuando se presentan juntas, pueden estar relacionadas.
Además, es importante destacar que estas heridas no solo son dolorosas, sino que, según algunos análisis, son similares a los efectos del abuso o negligencia infantil; por ejemplo, el trauma, la ansiedad, el insomnio, la depresión y el trastorno de estrés postraumático son condiciones descritas en un artículo de Organizational Psychology Review.
¿Cómo sanamos la herida de la injusticia?
El primer paso para sanar una injusticia vivida en la infancia es identificar sus síntomas. Para ello, debes hacer las paces contigo mismo, ser consciente de tus fortalezas, necesidades y valor, y deshacerte de la idea de necesitar aprobación de los demás. Además, puedes aplicar estas sugerencias para aliviar el dolor que proviene de esta herida emocional:
Acepta tu dolor
Esto no significa que debas vivir con él para siempre; puedes transformarlo. Reconoce el daño y entiéndelo como parte de tu experiencia. Luego, cierra la herida con autocompasión y autocomprensión; estas son cualidades que desarrollarás para ti mismo, no para los demás.
Libera los resentimientos
Sí, puedes sentirte enojado con quienes te causaron el daño, pero dejar ir el resentimiento es un paso hacia la sanación y vivir en paz. Es necesario perdonar al comprender que los demás hicieron lo que pudieron con lo que sabían; pueden haber actuado desde sus propias heridas. Y no, esto no es una justificación, se trata de liberarte del rencor.
Establece relaciones saludables
Trabaja para autenticar tus vínculos emocionales y crear relaciones donde el miedo no esté presente. Para ello, aprende a delegar, a alejarte del perfeccionismo excesivo y a ser amable y tolerante contigo mismo. Verás cómo todo esto se refleja en tus relaciones.
Disfruta del momento presente
Aferrarte al pasado mantiene viva la herida. Disfruta del hoy, agradece por tu salud, tu trabajo, tus amigos y la oportunidad de hacer lo que amas. Reconoce el valor de estar aquí y ahora. A través de la práctica de mindfulness, puedes aprender a valorar esos momentos que mereces.
No escondas tus heridas emocionales, abrázalas
Es muy importante abordar la herida de la injusticia y no esperar que se cure por sí sola; porque esto aumenta la probabilidad de que la persona reviva traumas en cualquier situación. Como resultado, la persona siempre llevará una máscara dura para ocultar lo que siente y se volverá difícil mostrar su verdadero yo.
El apoyo psicológico es crucial durante el proceso; en terapia se trabaja en la aceptación y aprendes a validar tus experiencias, además de desarrollar habilidades de afrontamiento. El objetivo es quitarte la armadura que llevas desde que creciste, redescubrir quién eres y qué mereces, y permitirte la oportunidad de ser vulnerable. No hay nada de malo en ello; inténtalo, así podrás avanzar sin el peso del pasado.
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